Larimar

Hace muchos millones de años, la isla de “La Hispañola” comenzó a formarse por partes, emergiendo de la profundidad marina. Primero la Cordillera Central, constituida por rocas volcánicas. Hace aproximadamente 100 millones de años, se inicia la emergencia de la Sierra de Bahoruco, en el sudoeste de la isla, por su porción oriental. En su constitución destacan también rocas volcánicas conocidas en geología con los nombres andesitas y basaltos.
Así se formaron en proporciones adecuadas, pero al azar, unas concreciones compactas de pequeñas masas, poseedores de brillo, en múltiples variantes de color: en geología se conocen bajo el nombre de pectolitas. El nombre fue dado por el geólogo alemán Kobell en 1828, juntando las palabras griegas pektos (”que esta formado por diferentes partes”) y lithos (”roca”). La pectolita es, por tanto, una roca secundaria.
Para el final del Mioceno las rocas estaban expuestas sobre caliza. El proceso de erosión y meteorización, por efecto de las condiciones meteorológicas (agua, viento, temperatura…), hizo desprender, fracturar y desplazar los fragmentos de roca por el cauce del río Bahoruco, y de aquí, el agua los llevó hasta las costas del mar. Su color y el pulimento por la fricción o roce, hicieron fijar la atención sobre ellas… son las pectolitas azules o larimar.
La pectolita, antiguamente denominada “ratholita”, es un silicato ácido hidrato de calcio y sodio. De amplia difusión en el mundo, podemos encontrar yacimientos de este mineral, conocidos como afloramiento, en muy d istantes lugares del planeta: Estados Unidos (Michigan, Arkansas, New Jersey, California), Canadá, Inglaterra (Escocia), India, Austria (Tirol), entre otros. Todos son en realidad huellas y consecuencias de la actividad volcánica de la tierra, hace muchos millones de años.
